Viernes Santo, primer día del Triduo Pascual

Constituye propiamente el primer
día del Triduo Pascual. Para una buena celebración
de la Pasión del Señor se deben tener en cuenta
los siguientes principios:
1. El viernes Santo es día
de penitencia obligatorio para toda la Iglesia y por tanto hay
que guardar en este día la abstinencia y el ayuno,
y según la oportunidad también el Sábado
Santo hasta la Vigilia pascual. El ayuno de estos dos días
es además de penitencial, celebrativo, ritual, y contemplativo
del misterio de la Cruz. Si bien es personal es sobre todo comunitario:
la comunidad ayuna en la espera de su Señor Resucitado.
Es toda la persona la que celebra la Pascua, no sólo
la mente y el espíritu sino también el cuerpo.
No hay que olvidar que el ayuno tiene en la espiritualidad cristiana
un gran valor: en una sociedad marcada por el consumismo y lo
superfluo, es un medio para vivir la ascesis, el autocontrol,
el señorío de sí mismo, y para ver en los
bienes de este mundo su carácter perecedero y pasajero.
2. La Iglesia, siguiendo una antiquísima
tradición, en este día no celebra la Eucaristía
y la Sagrada Comunión sólo se distribuye a los
fieles durante la celebración de la Pasión del
Señor. Sin embargo los enfermos que no puedan participar
en dicha celebración pueden recibirla a cualquier hora
del día.

3. Esta prohibido celebrar en este día cualquier sacramento,
a excepción de la Reconciliación y de la Unción
de los Enfermos. Las Exequias, si las hubiese, han de celebrarse
sin canto, ni instrumentos. Se recomienda que en este día
se celebre en las iglesias el Oficio de Lectura y los Laudes
con participación de la comunidad.

4. No tenemos Eucaristía
pero sí una celebración litúrgica de la
Muerte del Señor, una celebración de la Palabra
que concluye con la adoración de la Cruz y con la comunión
eucarística. Es una celebración sencilla, sobria,
centrada en la muerte del Señor Jesús. Su estructura
está bien pensada, aparece equilibrada, con proporción
entre la dimensión de escucha de la Palabra de Dios y
la acción simbólica de la adoración de
la Cruz y su veneración con el beso personal de todos.
Lo importante es saber captar la dinámica de esta celebración
y aprovechar espiritualmente toda su fuerza en la misma celebración:
– Proclamamos el misterio de la
Cruz, en las lecturas de la Palabra de Dios.
– Invocamos la salvación del mundo por la fuerza de esa
Cruz.
– Adoramos la Cruz del Señor Jesús.
– Y finalmente participamos del misterio de esa Cruz, del Cuerpo
entregado, comulgando de él.
La Pasión de Cristo es pues,
proclamada, invocada, venerada y comulgada.
5. Sobre la hora de los Oficios
de la Pasión: «La celebración de la Pasión
del Señor ha de tener lugar después del mediodía,
cerca de las tres. Por razones pastorales, puede elegirse otra
hora más conveniente para que los fieles puedan reunirse
más fácilmente…pero nunca después de
las nueve de la noche».
6. Sobre la estructura de la celebración
es bueno tener presente:
a. La Entrada
– No hay canto de entrada. Sale
el sacerdote con sus ministros, con vestidos de color rojo porque
celebramos la muerte martirial de Cristo. El Misal dice que
el sacerdote, después de hacer la reverencia al altar,
se postra en el suelo o se arrodilla. Es preferible la opción
de la postración: «esta postración, que
es un rito propio de este día, se ha de conservar diligentemente
por cuanto significa tanto la humillación del hombre
terreno, cuanto la tristeza y el dolor de la Iglesia»
. Los demás se arrodillan a la postración del
sacerdote y oran todos en silencio por unos instantes. La oración
con la que termina el rito de entrada, es mejor decirla desde
el mismo lugar donde ha estado postrado el sacerdote y se puede
elegir entre dos opciones que presenta el Misal. La primera
apunta a que ya estamos celebrando la Pascua; la segunda compara
los efectos de la Pasión del Señor Jesús
con los del pecado del primer Adán.
b. Liturgia de la Palabra
– Las lecturas de este día
han de ser leídas por entero. El salmo y el canto que
precede al Evangelio, deben cantarse como de costumbre.
– La lectura de la Pasión
según San Juan, el único apóstol que estuvo
al pie de la Cruz con Santa María y las santas mujeres,
se canta o se proclama del mismo modo que se ha hecho en el
domingo de Ramos. Esta lectura impresionante constituye el centro
de la celebración de este día.
– Después de la lectura
de la Pasión se tendrá una breve homilía
para resumir y aplicar a nuestra vida la gran lección
de la Cruz y al final de la misma los fieles pueden ser invitados
a permanecer en oración silenciosa durante un breve espacio
de tiempo. Es bueno recordar que la proclamación de las
lecturas de la Palabra viva de Dios, es ya presencia sacramental
del acontecimiento de la Cruz y no un mero recuerdo. Es proclamación
y comunicación de la Cruz, del amor del triunfo de Cristo
contra el pecado y la muerte.
c. La Oración Universal
– La de este día es la más
solemne y clásica. Es universal, rogando por las diversas
categorías de personas. Con la confianza puesta en el
Señor que muere en la Cruz, que es nuestro Mediador y
nuestro Sumo y Eterno Sacerdote, pedimos al Padre la salvación
para todo el mundo. Estas oraciones «expresan el valor
universal de la Pasión de Cristo, clavado en la Cruz
para la salvación de todo el mundo» . Actualmente
esta Oración del Viernes Santo tiene cuatro intenciones
por la Iglesia, otras cuatro por los creyentes o no creyentes,
y dos por los gobernantes y los que sufren de alguna manera.
Su estructura no admite modificaciones o inclusiones de propia
iniciativa, salvo que el Ordinario del lugar por alguna causa
justa y de necesidad pública disponga la inclusión
de alguna petición.
d. La Adoración de la
Cruz
– En la adoración de la
Cruz, «úsese una Cruz suficiente, grande y bella.
De las dos formas que se proponen en el Misal para mostrar la
Cruz, elíjase la que se juzgue más apropiada.
El rito ha de hacerse con esplendor digno de la gloria del misterio
de nuestra salvación; tanto la invitación al mostrar
la Cruz, como la respuesta del pueblo, háganse con canto,
y no se omita el silencio de reverencia que sigue a cada una
de las postraciones, mientras el sacerdote celebrante, permaneciendo
de pie, muestra en alto la Cruz».
– «Cada uno de los presentes
del clero y del pueblo se acercará a la Cruz para adorarla,
dado que la adoración personal de la Cruz es un elemento
muy importante de esta celebración y únicamente
en el caso de una extraordinaria presencia de fieles se utilizará
el modo de la adoración hecha por todos la vez»
.
– Se debe usar una sola Cruz para
la adoración tal como lo requiere la verdad del signo.
Es muy recomendable que durante la adoración se canten
las antífonas, los improperios y el himno que se encuentran
en el Misal Romano, o bien otros cantos adecuados.
– Hoy es un día en que sería
lógico un recuerdo mariano en honor a Santa María,
la Mujer fuerte de la fe, que estuvo al pie de la Cruz de su
Hijo. Por ello sería loable añadir al final de
la adoración de la Cruz, una pequeña conmemoración
de la Virgen María, la Madre dolorosa, la cual puede
hacerse con la siguiente monición:
“Hermanos: hemos adorado solemnemente
la Cruz, en la cual el Señor Jesús, muriendo nos
reconcilió. También María estaba junto
a la Cruz del Hijo, uniéndose a su sacrificio, cooperando
con amor de Madre a nuestra salvación. En aquel momento
la espada profetizada por Simeón le traspasó el
corazón y aquélla fue la hora de la cual le había
hablado Jesús en Cana. Junto a la Cruz, la Madre fuerte
en el inmenso dolor que sufría con el Hijo Único,
nos da a luz a la vida de la gracia y de la reconciliación.
Nosotros que hemos celebrado la Pasión del Hijo, recordemos
también el dolor fecundo de la Madre. Cantemos…”
e. La Comunión del Viernes
Santo
– El Viernes Santo no celebramos
la Eucaristía. Pero desde hace siglos se ha introducido
la comunión. Por ello, como quiera que en este día
no hay celebración de la Eucaristía, se ha tenido
que consagrar en la del Jueves Santo las Hostias necesarias
para la comunión del Viernes. De ahí que la celebración
de este día se llame “misa de presantificados”,
porque se comulga con un Pan Eucarístico consagrado antes.
– Terminada la adoración
de la Cruz, y el recuerdo mariano, el sacerdote va a recoger
por el camino más corto el Santísimo Sacramento
de la reserva y mientras tanto los demás ministros revisten
el altar con el mantel, los cirios, el corporal y el Misal.
– Una vez puesto el copón
con las Hostias consagradas sobre el altar, el sacerdote canta
o reza la invitación al Padre Nuestro que es rezado o
cantado por todos. No se da el signo de la paz y la comunión
se desarrolla tal como está descrita en el Misal. Terminada
la distribución de la comunión, el copón
se lleva nuevamente a su reserva.
– Terminada la celebración
se despoja el altar, dejando la Cruz con cuatro candelabros
en un lugar adecuado de la iglesia para que todos puedan adorarla,
besarla y permanecer en oración y meditación delante
de ella.
7. «Los ejercicios de piedad…no
se pueden descuidar (este día de Viernes Santo), dada
su importancia pastoral» . Hoy es uno de los días
del año en que más hay que esforzarse por buscar
un equilibrio entre la liturgia y las devociones de religiosidad
popular, conjugando su horario y también su lenguaje.
Entre estos ejercicios de piedad popular están: el Vía
Crucis, el Sermón de las Siete Palabras del Señor
Jesús en la Cruz; las procesiones del Viernes Santo con
los “pasos” de Cristo y de su Madre que representan
las diversas escenas y momentos de la Pasión; los recuerdos
de los dolores de la Santísima Virgen María, entre
otros.

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